Mercedes Acosta: “Queremos que ustedes sean ciudadanos libres, que tengan su propia opinión y que no se dejen manipular”

Entregada en cuerpo y alma a su trabajo durante 32 años como profesora de inglés, sigue manteniendo una postura optimista y una conducta solidaria hacia el alumnado y profesorado. Su trayectoria es un referente en la educación, una voz autorizada para los que llegan, los que están y los que se marchan. Ahora, que empieza una nueva etapa con la jubilación, reflexiona desde su experiencia sobre el valor de la enseñanza y del aprendizaje, y planifica las actividades y las aficiones que practicará después de abandonar el centro. 

¿Cuántos años llevas ejerciendo el puesto de docente en este centro?

¡Uy, me voy a emocionar! En este centro solo llevo casi 32 años.

¿Por qué decidiste convertirte en docente?

Me gustaban los idiomas. Me gusta el trato con la gente y ayudar en lo que puedo a la sociedad. Creo que nada mejor que la educación.

¿Qué has aprendido en este centro?

Muchísimas cosas, pero me llevo sobre todo la calidad humana: alumnos estupendos y compañeros inmejorables.

¿Cuál fue tu primera impresión al entrar en este centro?

El primer año que llegué, era un centro de formación profesional y había tres turnos. Yo venía de centros pequeños y me sorprendió bastante. Llegué y entré en un claustro y, como lógicamente hay opiniones de todo tipo, me sorprendió el ambiente, no crispado, sino muy apasionado. No estaba acostumbrada. Más que nada porque venía de un centro pequeño. Pero después muy bien. Era y es un centro muy grande. Me impresionó.

¿Por qué quisiste enseñar en este instituto?

Fueron casualidades. Yo soy de Gran Canaria, estudié en Tenerife y las primeras sustituciones me tocaron allí. Luego me mandaron a Fuerteventura. El primer año estuve en Gran Tarajal. Era la primera vez que estaba en la isla. Es verdad el dicho de que puedes llegar llorando y te vas llorando, aunque no fue mi caso, porque era una novedad y yo era joven. Pero sí que te atrapa la isla. En el siguiente destino provisional me enviaron a Gran Canaria y reclamé, porque había pedido Fuerteventura como primer destino. Entonces fue cuando llegué a este centro. Al año siguiente saqué las oposiciones y sobre la marcha pedí mi destino definitivo aquí. Y hasta ahora.

Personalmente, ¿Qué te llevas de tus años enseñando aquí y por parte de tus alumnos?

No sé si últimamente me verán como una persona más dura, más estricta. Yo no me veo así y creo que siempre he intentado ayudar. Estoy superencantada con el alumnado, porque siempre digo que en el fondo son gente muy buena. No les veo ninguna mala idea y creo que son cosas propias de la edad. Me gratifica cuando veo alumnado fuera y me comenta que está estudiando, que ha hecho carrera y te dan las gracias por lo que has hecho. En treinta y dos años he tenido muchos alumnos. Me conformo con que uno me lo diga, porque para mí ya ha valido la pena. Me llevo muy buenos recuerdos, mucho cariño. Y hacia ustedes también.

¿Qué cambios has experimentado en tu asignatura y en el centro en general durante este periodo de tiempo?

Bastantes, porque la sociedad va cambiando y las leyes de educación, por desgracia, cambian cada vez que entra un nuevo gobierno. Creo que eso no debe ser así. Además, poca opinión se le pide al profesorado. Porque, al fin y al cabo, quien hace las leyes igual no ha pisado un centro en su vida y el papel aguanta todo lo que le eche. Lo que sí veo es el esfuerzo, el trabajo y las ganas de aprender. ¡Ya me gustaría a mí haber tenido profesorado como el que hay aquí! Lo puedo decir porque llevo bastantes años trabajando con muchos de ellos. La manera de trabajar y todos los recursos empleados. Para mí es una maravilla. Yo volvería a estudiar otra vez, viendo el empeño y el interés del profesorado. No piensen nunca que vamos a ir a fastidiarlos. Queremos que ustedes sean ciudadanos libres, que tengan su propia opinión y que no se dejen manipular en el mundo en el estamos hoy en día, con el que me he llevado una decepción, porque pensaba que con esto [la pandemia] íbamos a tener una sociedad mejor y no es así. Todo eso lo da la educación, el conocimiento y el trabajo. Van a tener su recompensa. Si yo volviera a estudiar, me hubiera gustado tener este tipo de educación. En mi caso, en Inglés, dábamos nada más que gramática pura y dura. Vine a oír hablar a alguien en inglés en el último año del instituto. Y ya tenía claro que me gustaban los idiomas. Si ustedes quieren, pueden [conseguir] todo lo que se propongan. Nosotros no teníamos clases particulares ni la oportunidad de participar en los programas Erasmus. Sí echo en falta ese esfuerzo y esas ganas de aprender. Los animo a ustedes y a sus compañeros. Creo que el periódico es buena herramienta para animar.

Mercedes Acosta, en la sala de profesores del IES Puerto del Rosario/ JOEL SANTANA

¿Cuál ha sido tu mejor y tu peor experiencia en este centro?

Bueno, yo puedo decir que afortunadamente tengo mejores que peores e intento también esas peores quitármelas de mi mente porque yo creo que pones lo positivo con lo negativo y te quedas con eso (con lo positivo). Pero vamos a ver que eso negativo serían como pequeñas cosas, no es tal y como ustedes oyen por fuera, yo nunca me he sentido amenazada, que para mí sería lo peor. Ni que estuviese, a lo mejor, incómoda, que yo dijera: “No quiero ir al instituto porque tengo…” No, no, esa sensación nunca la he tenido.

Entonces yo ya digo, soy una persona muy optimista y lo poco negativo que pueda tener lo tiendo a desechar y pensar: “Bueno, esto fue hoy porque pasó hoy”. Pero ya está, no puedo decir esto ha marcado mi vida, pero ni aquí ni en ningún otro centro. Que sí, que me considero una persona afortunada no, lo siguiente, lo siguiente. Encantada con todo.

¿Qué opinas sobre el profesorado y el alumnado que has tenido?

Ya lo dije antes. Del profesorado, pues… me llevo… ¡Qué le voy a decir! Y del alumnado también. Me llevo lo bueno. Y con que ustedes tiren para delante, y que ustedes, yo me los encuentre un día y me digan: “Pues mira, estudié [esto]…” Para mí eso es lo máximo. Yo me he encontrado alumnado de aquí, de este centro, de venir a algunas sesiones de evaluación, de estos que días que vienes hecha polvo, que dices: “Qué malo soy”. Porque claro, después te analizas tú: “No llego al alumnado, estoy fallando”. Ustedes no vean, últimamente, la de noches que me he despertado pensando: “¿Qué puedo llevarles para engancharlos y que ellos pues le cojan ese gusto y que aprendan?”. Ya les digo, de la anécdota que les voy a contar. Me encontré a un alumno de hacía montón de años. Y nos preguntamos. Él me contó cómo iba. “Ah, pues me alegro un montón” porque el chico ya había estudiado, tenía un puesto de trabajo y él estaba supercontento. Y me preguntó a mí cómo estaba. “Ay, pues mira, un poco cansada, desanimada, porque parece que uno mira mucho [por los alumnos] y los resultados parece que no son tan buenos. Entonces algo está fallando”. Y llegué aquí y se lo dije a mis compañeros que estaban en esa evaluación, que había parte del profesorado que le había dado también a ese alumno. Y yo dije: “Venía así [cansada, desanimada], y ya vengo con otra actitud porque él me dijo: No, no, no. ¡Qué va! No se venga abajo, porque parte de lo que yo soy me lo han dado ustedes. La labor de ustedes tiene valor. Pues a mí ya se me olvidó, ya [se me olvidó] lo mal que estaba. Fue como una inyección de moral y bueno, pues a tirar hacia delante. Y con esas pequeñas cosas te llenas, cuando te lo dicen o cuando ves alumnado de hace años y te dice: “Mercedes, el nivel de inglés que tengo es porque tú me lo diste”. Eso ya te hace olvidar lo otro, lo posible negativo, y todo eso me lo llevo yo. 

Un orgullo también hubiese sido que yo les hubiese influido de forma positiva, y con eso yo ya me voy super [contenta]. Yo siempre he intentado dar lo mejor de mí, y he intentado hacer mi trabajo como si ustedes fueran mis hijos, que es la educación que me gustaría que mis hijos recibieran. Con esa idea es con la que yo he trabajado. No es lo que ustedes oyen, la fama que tenemos el profesorado de “esos no hacen nada”, y yo pienso que no. Que echamos muchas horas, muchos fines de semana, mucho trabajo… Por eso, en parte, yo ahora digo que voy a disfrutar esta etapa y que ya me toca porque es como si yo hubiese dedicado tiempo para el resto, para tus hijos, para el alumnado. Y tú quedas en un segundo, tercero, cuarto plano, y ahora es como que me llega la hora de darme tiempo a mí. Y espero que sea mucho el que me quede para dedicarme a mí, pero que piensen que lo que hacemos es con las mejores intenciones, con un amor que le ponemos a todo, que siempre estamos buscando a ver de la manera, ya les dije, más de una noche dándoles vueltas a la cabeza para ver qué podemos hacer para que ustedes salgan bien, y salgan bien preparados.

Mercedes Acosta, rodeada de alumnos a la salida de la entrevista concedida a LA VOZ DEL IES PUERTO.

¿Cuál es tu filosofía de enseñanza?

Yo creo que es un poco también la filosofía de vida, la cual te inculcaron tus padres, el siempre hacer el bien, el colaborar… Yo ya les digo, he conocido a un montón de gente y yo puedo decir que nunca, bueno, yo creo que ya se los he dicho en clase, cuando se ponía: ¡Ay, en grupo no! ¡Allí, no me pongo qué tal! A ver tenemos que trabajar con todos, porque cuando vayas fuera vas a tener que trabajar con todo tipo de personas. Hay gente con la que, bueno, a lo mejor no soy muy afín y no me voy a ir de fiesta con él o con ella. Pero tienes que trabajar con respeto y eso es lo que yo he sentido aquí, ¿sabes? Y esa filosofía, y esa filosofía de siempre colaborar, de que te piden ayuda para esto pues intentar ayudar. 

Esto es una labor de todos, no es de una persona sola. Esto es un equipo, que tenemos que ir todos a todos y si yo me voy a enfadar con mi compañero o compañera o decir “ah, me cae mal”… Esa sensación nunca la he tenido, y mira que si hemos pasado con profesorado por aquí. Y yo creo que esta es mi filosofía de trabajo: dar lo mejor de mí, intentar colaborar y ayudar en todo lo que esté en mi mano. Pero ya digo, de enseñanza, de vida… y yo creo que no me ha ido mal, creo yo.

Pues estas son todas las preguntas, muchas gracias. Si quieres añadir algo…

Pues muchísimas gracias. Me alegro de que hayan sido ustedes los que me hayan hecho la entrevista, porque parte de mí también la he dejado en ustedes. Y que les deseo lo mejor, y que cojan interés en aprender y que no piensen que somos unos cascarrabias, que siempre estamos para sacar lo mejor de ustedes… y siempre piensen en eso. La verdad es que es una alegría enorme. Claro, es que los conozco a todos. Y me da más alegría todavía que hayan sido ustedes. Que sea gente que yo conozco, no es gente [desconocida]. Es como si nos sentaremos ahora a hablar, como si estuviéramos en una cafetería, y yo me abriera a ustedes, y sintieran lo que yo, vieran lo que yo sentía cuando les daba clases. Y que a veces estaba “Joel, Joel, Joel, venga. Kirian, no sé qué”. Es eso. Me alegro un montón de verlos, ya hechos unos hombrecitos y mujercitas. Me alegro un montón y, de verdad, les deseo lo mejor.

Audio de la entrevista a Mercedes Acosta

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