Del Amazonas a nuestros libros

Vista aérea de una tala en el Amazonas.

La selva del Amazonas, situada en la parte norte de Latinoamérica, representa nada más y nada menos que el 80% de la flora de la Tierra, pero la acciones del ser humano están llevando a esta zona de suma importancia para la Tierra a su fin, ya que desde 1970 se han talado unos 700.000 km2, según  destaca la página oficial de la ONG Greenpeace.

Esta tala y destrucción masiva e incesante de los pulmones de La Tierra está siendo favorecida por empresas madereras, de aceite de palma, mayoritariamente extranjeras de Europa o Estados Unidos. Greenpeace (ONG ecologista y pacífica extraoficial) denuncia tras una investigación que otra parte de la deforestación del Amazonas también se debe a la acción de algunas empresas mundialmente conocidas que se llevan algunos recursos que abundan en este lugar ya sea por su calidad o por su precio, como IKEA, Gucci, Honda, Timberland, Reebok, Carrefour, Nike, Geox y Wall Mart.

La ONG también afirmó que el antiguo gobierno de Brasil estaba implicado en la tala ya que este mismo es accionista de las tres mayores empresas de ganadería brasileña Bertin, Marfrig y JBS.

Esta tala incesante de la selva amazónica se debe a que algunas empresas madereras utilizan estos árboles para hacer hojas de papel y muebles, otros motivos por los que se tala el Amazonas es por la abundancia de una sustancia aceitosa(Conocida como aceite de palma) que favorece a la industria alimenticia a la hora de que sus productos obtengan una mejor calidad.Estos productos mencionados anteriormente se calcula que poseen un valor anual de 100.000 millones de euros/dólares.

La tala del Amazonas afecta en general a todo el planeta Tierra ya que representa el 80% de la superficie arbórea de La tierra, pero en especial afectan a más de 30 especies de animales que se han visto obligados a retroceder ante el imparable avance de la deforestación masiva. Una fuente no gubernamental(Kerchak) estima que en total están por desaparecer un total de 100.000 invertebrados, 3.000 especies de peces de río, 378 especies reptiles, 400 especies de anfibios, 1300 especies de aves y 427 especies de mamíferos.

Otro estudio hecho por el instituto Sinchi demuestra que de las 60 especies de plantas que habitan en el Amazonas un 30% se encuentra en peligro de extinción.

También según una fuente pública llamada “La nueva tribuna” se están viendo afectadas las tribus locales de la zona, que únicamente constituyen un 0.4% de la población de Brasil y se están viendo obligadas a renunciar a su hogar y sus costumbres por culpa de la tala.

Brasil es por excelencia el país de Sudamérica que más selva ocupa, es decir que básicamente la supervivencia del Amazonas depende vitalmente de las decisiones del gobierno de Brasil, que por desgracia no han ido para bien, ¿pero sabrá gestionar el nuevo gobierno el problema?

Por desgracia el nuevo gobierno de Brasil no va a tomar decisiones a la hora de parar este desastre ecológico, todo lo contrario, según un diario digital y público llamado La nueva tribuna, Teresa Cristina, líder del frente parlamentario de la agropecuario, designada por el actual presidente, ha impulsado algunas iniciativas como la legalización de agrotóxicos , el cultivo de semillas genéticamente modificadas y una mayor explotación de los recursos situados en parques naturales, de los que el anterior gobierno en teoría se encargaba de proteger.

Otra decisión del gobierno de Bolsonaro es la de abandonar el tratado climático de París, este hecho no sólo repercutirá en Brasil, ni Latinoamérica, sino en todo el mundo, ya que como he mencionado anteriormente la selva constituye el 80% de la flora terrestre.

También el aumento de la actividad militar en las zonas selváticas está perjudicando a la flora y fauna de la selva. Los animales, ante los disparos y bombardeos de prueba, mueren o huyen de la zona.

En definitiva, el Amazonas cada vez se vez más vulnerable ante las acciones desmedidas del capitalismo salvaje que sólo por dinero es capaz de llevar al planeta al límite.

Si el gobierno de Brasil no se empieza a preocupar por la vida, el ser humano y todas las demás especies se podrían poner a la exposición de una posible extinción. Pero por desgracia al capitalismo todo le renta con tal de que haya ganancias por detrás.

*Artículo de opinión de Manuel González, Cabrera, alumno de 4º de ESO C e integrante del equipo de redacción de La Voz del IES Puerto.

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